Estos cupcakes surgieron de la improvisación, o más bien, de la necesidad. Y es que no tenía ninguna intención de preparar nada para el día de San Valentín, como os comente ya nos habíamos comido todo lo que había preparado para ese día. Pero mi marido apareció con una docena de cucharillas de lo más preciosas y con una pala para tartas no menos mona. Mi hija Laura, que a sus casi ocho años se está convirtiendo en la voz de mi conciencia, me miró y me dijo: "mamá, ¿tendrás que prepararle a Papi unos cupcakes, no? (no conozco a nadie de su edad que domine tan bien el tema de los cupcakes, muffins, tartas fondant, galletas con glasa.... y un largo etc.). Así que me vi conminada a preparar estos cupcakes. Y claro, papi no se puede comer todos los cupcakes, mami sólo se come la mitad de uno y a duras penas, Laura dice: yo me lo comeré mañana, y Hugo: cup.....qué?. Total, que al final, el que se dio el banquetazo de los cupcakes fue el tito, es decir, mi hermano, je,je, que se está convirtiendo en catador oficial de mis cupcakes. Yo me comí la mitad de uno de ellos y debo decir que está estupendo, que, poco a poco, le estoy tomando la medida a los cupcakes. Es casi la misma receta de los red velvet cupcakes, sólo que lleva más cacao, no lleva colorante, y rematé el frosting de queso con una fresa (más bien fresón) bañada en chocolate y con cacao en polvo. Espero que os guste, al igual que mis cucharillas, que ya las veréis bastante por aquí.
INGREDIENTES:
- Para los cupcakes:
- 55 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
- 150 gr. de azúcar
- 1 huevo (yo puse XL)
- 1 cucharada de cacao sin azúcar
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 120 ml. de buttermilk (yo lo compro en LIDL, si no lo tenéis podéis hacerlo casero, la receta aquí)
- 150 gr. de harina
- 1/2 cucharadita de bicarbonato
- 1 cucharadita de vinagre de vino blanco
- Cream cheese icing:
- 125 gr. de queso tipo philadelphia frío
- 60 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
- 300 gr. de azúcar glass
- Para decorar:
- Fresas
- Cacao en polvo
- Chocolate fondant
Precalentamos el horno a 170º. Tamizamos la harina, junto con la cucharada de cacao y reservamos. Batimos la mantequilla junto con el azúcar en un bol, y añadimos el huevo y el extracto de vainilla sin dejar de batir. Después añadimos la mitad de la mezcla de harina y cacao y el buttermilk. Seguimos mezclando, y después terminamos de añadir el resto de harina y cacao.
Y después echamos el bicarbonato en un vaso y añadimos la cucharada de vinagre, cuando empiece a burbujear añadimos esta mezcla a la de cupcakes. Vamos poniendo la mezcla en las cápsulas que habremos introducido en flaneras individuales o moldes para muffins, hasta acabar con ella. Me han salido ocho cupcakes. Introducimos en el horno durante unos 20 minutos o a este que al pinchar con una brocheta ésta salga limpia (yo los he tenido media hora). Sacamos, dejamos cinco minutos en los moldes o flaneras y sacamos después para dejar enfriar totalmente sobre una rejilla.
Mientras tenemos en el horno los cupcakes podemos ir preparando las fresas, para ello, las lavamos bien y secamos con papel absorbente y las vamos metiendo en un bol donde previamente habremos derretido chocolate fondant. Pondremos sobre una bandejita con papel de hornear y metemos en el frigorífico hasta que se endurezcan.
Cuando estén totalmente fríos los cupcakes prepararemos la crema. Para ello tamizamos el azúcar glass y mezclamos con la mantequilla hasta que esté integrado, después añadimos el queso hasta integrarlo, pero sin batirlo en exceso, para evitar que se caliente la crema. Introducimos en una manga pastelera y decoramos. Espolvoreamos un poco de cacao, con la ayuda de un colador, y terminamos coronando con la fresa bañada en chocolate.
Si no habéis preparado aún cupcakes os animo a que lo hagáis, tienen aún menos dificultad que preparar magdalenas, y la presentación en la mesa es estupenda, es una minitarta que gustará mucho a nuestros invitados. Y con ellos os dejo todo el fin de semana, esperando que disfrutéis de él, dentro o fuera de la cocina.
Lidia.

