Hoy un plato festivo, porque en España los arroces son siempre festivos, en cualquier época del año el arroz se disfruta en compañía de amigos y familiares. Y en verano, acompañado de una cerveza fresquita o un vino es un almuerzo de lujo. En casa con los niños hay que andar con el tema de las comidas bastante avispados para que no nos pillen en un renuncio y nos dejen el plato entero, por lo que si la solución es triturar el sofrito para que el arroz se vea bien limpito, pues eso hago. La satisfacción está en ver que después de terminar el plato vuelven a repetir, y eso lo compensa todo, porque disfrutas viendo que los niños comen platos saludables y disfrutan haciéndolo, y también desde Unilever se encargan de demostrarnos que los platos saludables no tienen porqué ser aburridos y también son muy sabrosos. Este arroz es meloso, sin llegar a ser caldoso, me basé para prepararlo en una receta de canal Sur, que podéis ver aquí, aunque éste si que era caldoso, sin pasar el sofrito y además llevaba cerveza. Yo los dos primeros cambios los hice por los niños, el tercero de ponerle cerveza o no, no fue una decisión, sino un olvido, por lo que otro día se lo pongo. La diferencia con otros arroces ya publicados es el fondo del sofrito que lleva puerro, que antes no se lo había puesto, el añadirle rape, que en casa nunca se lo pongo y la textura melosa del arroz. El fondo o caldo del arroz también es un poco diferente ya que a las pieles y cabezas de gambas y espinas del rape también le he añadido dos pimientos choriceros.
Ya hace muchos años que soñaba con hacer esta tarta. El problema es que los caramelos de violeta son los caramelos más tradicionales de Madrid, y por aquí es difícil conseguirlos, y, aunque también se pueden comprar on line, nunca me decidí a hacerlo. Este verano tuve la suerte de que unos amigos me los trajeran y la primera opción fue la tarta, claro. Los tuve guardaditos sin abrir la caja hasta el mismo día de preparar la tarta. La sorpresa es que no me han gustado mucho los caramelos, a lo mejor los había idealizado, no se....el sabor que deja en la boca el caramelo no me ha gustado. Según la wikipedia, "El caramelo de violeta es un caramelo elaborado con esencias de violeta. Es de pequeño tamaño, pues no alcanza los dos centímetros, y se presenta con forma de violeta de cinco pétalos. Está aromatizado con esencia de dicha flor y un sugerente color violeta. En España, están asociados a una pequeña pastelería y confitería de la plaza de Canalejas, La Violeta, fundada en 1915, que vende estos caramelos elaborados de forma artesanal. Es anécdota y tópico quizá legendario que el rey Alfonso XIII compraba estas violetas para su esposa, la reina Victoria Eugenia, y también para su amante." La tarta tiene un claro marcado sabor a violetas, por lo que tampoco me ha gustado en exceso. Es una receta que lleva años en la red, por lo que no es conocido su autor, por lo que no puedo citar a ningún blog en concreto, ya que son muchos los que la han preparado.
Seguimos con platos que vienen muy bien para el verano. Los mejillones los tenemos todo el año en las pescaderías, pero es verdad que hay épocas en las que no están en su mejor momento. Este último mes los he comido en varias ocasiones y ninguna de ellas me han defraudado. En esta ocasión quería ponerle una salsa picante y cambiar un poco la forma de tomarlos. La sorpresa ha sido que la salsa nos ha entusiasmado en casa, sobre todo a mi marido, que no suele tomar pan en las comidas y que en ésta no paró de mojar pan. Sin duda el secreto de estas salsa está en usar salsa de tomate casera. La salsa picante se la vi a Pam en Directo al Paladar, y como siempre las recetas de ella no suelen fallar. He incrementado la cantidad de salsa de tomate que venia en la original y he cambio la cayena por un trozo de guindilla de las que mi suegro tiene plantadas. Lo he cocinado y maridado con el mismo vino, un blanco Macabeo de Viña Laujar, de la Alpujarra almeriense, que bien fresquito acompaña muy bien a estos mejillones.
El Tabulé o tabbouleh es una ensalada de Oriente Medio muy conocida. La original, libanesa, lleva trigo bulgur en lugar de cous cous, el cous cous es mucho más fácil de encontrar por lo que el tabulé como ensalada de cous cous se ha estandarizado en nuestro país. Y no es para menos, ya que se trata de una ensalada muy veraniega, fácil de preparar, y que, tomada fresquita, es muy refrescante y poco calórica. Fue hace ya muchos años cuando probé por primera vez el tabulé o ensalada de cous cous en casa de mi amiga Lola, y aún no la tenía publicada en el blog, por lo que he aprovechado para volver a hacerla y publicarla. He preparado una versión muy light, una ensalada básica a la que se le pueden añadir más ingredientes, como pasas, comino, atún, hierbabuena, aceitunas negras....., al gusto del consumidor.
Seguimos en verano y buscando recetas refrescantes que nos ayuden a sofocar estos calores. Quizás no sea la crema más ligera que os pueda presentar, ya que el aguacate precisamente ligero no es. Pero la verdad es que esta crema recuerda a una ensalada de aguacate en toda regla, con la única diferencia de que ésta se toma con cuchara. El resto de ingredientes la hacen más que refrescante, como el pepino o la lima. Y de acompañamiento unas hojas de brotes, unos cherry y unas gambas salteadas, que hacen una combinación exquisita. La receta la vi en una de mis revista de cocina antigua, y las únicas variaciones que tiene la mía con respecto a la original es que yo cambié el limón por dos limas y además le añadí agua a la crema, pues la original resultaba muy espesa.





